Yo tampoco

VISOR DE OBRAS.

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Puse la mano en él, lo calenté con mi aliento, y se me ocurrió que el calor de la misteriosa deidad se comunicaba a mis labios y circulaba por mis venas.

Jovenes chica - 655659

Cuentos de amor / Emilia Pardo Bazán

Al poco rato se durmió. En un discreto aparte me aseguró que el precio que exigía el joyero no tenía nada de excesivo, en atención a la singularidad de las perlas. Sin embargo, a la segunda carilla un indefinible malestar, un terror vago, cruzaron por mi imaginación como cruza la bala por el aire antiguamente de herir. Cuanta paparrucha inverosímil se me antojase inventar, la tragaba Candidita sin esfuerzo; en cambio, no había quién la convenciese de la existencia de picardía ninguna. Su peinado época extraño y gracioso: un grupo amazacotado a manera de piña de bucles al lado de las sienes, y un cesto de trenzas en lo alto de la cabeza. Y yo os digo, en verdad, que esas gentes superficiales se equivocan de aire a medio, y son injustas con el pobre Don Juan, a quien sólo hemos comprendido los poetas, los que tenemos el alma inundada de caridad y somos perspicaces Ya que me cuesta la vida, que no me cueste también el alma. Vivía en una pobre casita de órbita y todos los días trabajaba en su jardín. Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.

Boreal rimero

Saltó en astillas la cubierta y metí la mano febrilmente en los cajoncitos, revolviéndolos ansioso. El fantasma Cuando estudiaba carrera mayor en Madrid, todos los jueves comía en casa de mis parientes lejanos los señores de Cardona, que desde el primer día me acogieron y trataron con afecto sumo. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. No había remedio; tenía que asesinarle si quería vivir digna, respetada, libre

Obispo

La astucia me sirvió mejor que la agilidad en este caso. Para que no te dieran collejas. Mi alienista dice que tengo que encontrar una mujer que se tire unos pedos horrorosos y que me guste.

Jovenes chica - 103606

Hay un montón de personas en mi vida que son muy importantes. Ella era alegre y cantaba como una calandria, y a mí se me quitaban las penas de oírla. El Amor ni respiraba ni se rebullía; estaba muerto, tan muerto como mi abuela. Eso es precisamente lo que necesito para la techumbre de mi granero. Lorena G. Se me había clavado aquí, entre las cejas, que mi hija se perdería, que época infalible que se perdiese, sobre todo si daba en cantar.

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